lunes, 23 de mayo de 2016

21/22 de Mayo 2016 Soplao + Villanueva



CRÓNICA 10.000 DEL SOPLAO - Yo sé quién soy, yo soy Campurriano.

"Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar hipotecas a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos. Elige bricolaje y preguntarte quién coño eres los Domingos por la mañana"
Así empezamos Campurrianos, con parte del monólogo inicial de la archiconocida película Trainspoting, para narrar nuestra inolvidable experiencia en la aventura de "los 10.000 del Soplao".
Y es que este monólogo está cargado de realidad, una realidad que correspondía al fiel reflejo de la sociedad de la periferia en Inglaterra en los años 90, allá donde la población se perdía entre una educación irreal y en la pesadilla de la heroina. Esta película, sigue siendo actual hoy, sobretodo porque el film encierra una crítica feroz sobre la realidad, a través de un viaje introspectivo hacia el interior de uno mismo, nuestra esencia, mostrándonos como el hombre occidental intenta escapar de la odisea de los problemas habituales de su sociedad. 
Y es que este fin de semana ha estado plagado de aventuras u odiseas. Aventuras que empezaron hace mucho, en el momento que la maquinaria del equipo marcó el rumbo, indicando la dirección hacia la superación, el camino hacia la leyenda, hacia los 10.000 del Soplao.
Y es que esta superación no comenzó este fin de semana, comenzó muchos meses atrás cuando decidimos aceptar el embite, cuando asumimos que nuestras vidas tendrían que cambiar durante muchos meses para poder encarar tan duro reto, cuando acordamos con nosotros mismos que todo lo que girara a nuestro alrededor, tendría ahora que orbitar entorno a la preparación de El Soplao.
Y es que, ¿cuánto de lo que este fin de semana hemos conseguido, se lo debemos a familiares y amigos, a nuestros hijos, a nuestras inseparables parejas, a nuestros queridos padres?. Se lo debemos a todos ellos, porque sin ellos, nada de esto habría podido ocurrir, porque sin su apoyo y sacrificio, sin su ánimo, sin su altruista manera de comprender las muchas horas que Papá no estuvo en casa, porque se tuvo que ir a rodar con su bici para preparar la prueba, en definitiva, sin su ayuda, este sueño no se habría podido cumplir.
Y como de cumplir sabemos en este equipo, la escuadra Campurriana aterrizó en mayoría en Cabezón de la Sal el viernes por la tarde, con buena onda, pero con los nervios y con las dudas habituales, con las que cuenta cualquier ser humano, que está a punto de medirse ante el mayor reto deportivo de su vida, aguardando con impaciencia el preludio del día de la gran batalla.
Batalla que pronto quedó mostrada, a través del increíble ambiente de un pueblo absolutamente volcado con la prueba, en forma del lanzamiento de los primeros guerreros de la categoría Soplaoman. Verdaderos superhombres, que pusieron el toque de la heroicidad el viernes por la noche en Cabezon de la Sal.
Y así, con el asombro de comprobar que hay otros que no se conforman solo con la batalla de la bici y quieren también correr y nadar, con la complicidad de tus compañeros que están igual de nerviosos que tú y con la tripa llena de hidratos tras tripitir platos en una suculenta cena de amigos, así comenzó la primera batalla de El Soplao - la batalla psicológica -; que comienza a reinar y planear sobre las cabezas de casi todos. Unos sacaron el libro de las excusas y dijeron que no habían entrenado lo suficiente, otros hacían alusión al sobrepeso con el que se presentaban, otros señalaban a que esto era su primer intento, otros decían que si explotaban buscando mejorar crono y abandonaban que no pasaba nada, otros hacían alusión a que habían tenido un fuerte día de trabajo y que le pesaban los kilómetros conducidos hasta Cantabria y otros sencillamente no podían desalojar el estado de nervios sin poder pegar ojo, presas de los nervios, temblando de miedo, eclipsados con la sombra y el pánico de la duda, de esa sensación que te invade para no soltarte hasta haberte torturado el alma, mostrándote el camino hacia el fracaso, hacia el vacío donde nadie se quiere precipitar ante tan grande reto.
Y así conciliamos el sueño, unos durmiendo en camas de matrimonio, otros en furgoneta, otros en una casona y otros en un hotel y en pareja; así pudimos dejar atrás nuestra primera gran cuesta, pudimos quitarnos la primera gran capa de la piel que esta prueba nos haría mudar, en la transformación hacia un nuevo estado de la felicidad. 
Y así, a toda prisa, desayunando de forma improvisada en la furgoneta, a las 6:00 horas ya estábamos aparcados, montando el equipamiento deprisa, comprobando que toda la munición estaba en correcto estado de funcionamiento, verificando que nuestras monturas estaban afinadas en la clave musical del "sí, puedo". Así, tras verificar por enésima vez el estado del tiempo, cerramos filas con el uniforme Campurriano decidido para la ocasión y nos fuimos a toda prisa a coger el mejor sitio posible de salida (importante, fuimos miles de participantes) y a encontrarnos con nuestros compañeros restantes.
Y como de restar no sabemos en este equipo, una vez nos encontramos nos agrupamos en 2 grandes grupetas, una la punta de lanza que iría a marcar el mejor tiempo y la otra, el escudo, que inseparable, fuerte e invulnerable, se unía para multiplicar fuerzas, para buscar el ánimo y la energía necesaria, para aguardar las casi 2 horas que quedaban para escuchar la traca que marcaría la salida.
Aquí nos empezamos a reencontrar, comenzaron las primeras bromas, los encuentros con personal conocido incluso de Alcalá, empezaron las conversaciones con una invitada de honor que se transformaría en nuestra mejor animadora, dimos los últimos retoques a transmisiones y pequeños contratiempos en mecánica que surgieron justo antes de escuchar, el ya famoso y clásico Thunderstrack.
Pum, pum, salida de los 10.000 del Soplao. El corazón latiendo deprisa, el personal con ansia de comenzar a calar rápido y comenzar a rodar, el pueblo rugiendo por las calles y deseando el mejor de los finales para los 4.800 valientes que partieron de Cabezón de la Sal.
Y así, cogiendo la rueda, siguiendo la estela de la mancha naranja, comenzamos a disfrutar de la experiencia prometida, de la prueba que nos haría coronar el cielo de Cantabria.
Y no tardaron en aparecer las primeras buenas cuestas, los primeros grandes rampones, en terreno roto, también en asfalto. Aparecieron también los primeros tapones, los nervios por querer avanzar, pero también comenzaron las primeras buenas sensaciones, comenzamos a comprobar, que nuestro motor sonaba fino, que estábamos alejadísimos de la zona donde se encendía el turbo, que sin meter tercera no parábamos de dejar atrás a los demás participantes, que con igual valentía, se metían sin darse cuenta los primeros 1.000 metros de acumulado del día.
¡Y vaya día de cuestones!, esta zona de Cantabria no sabe lo que es un llano. Increíblemente no se para de subir, es como que te encuentras en un limbo siempre subiendo, como que una vez que le pillas el truco a ir cómodo en un 6-8 % dieras por hecho que esa inclinación es la normalidad en la zona de la prueba.
Y lo que no era normal, lo que jamás podremos olvidar, fueron aquellos prados verdes que cual moqueta, cubrían los laterales de cualquier lugar, mostrando la belleza de Cantabria, el poder de una naturaleza viva que eclipsaba cualquier mínima muestra de sufrimiento generado por el desnivel de las cuestas.
Y lo que sí fue de nivel, lo que jamás se nos olvidará, fue la implicación de cada uno de los lugareños que patrullaban por los pueblos donde pasábamos para no dejar de animar: abuelos con sus garrotas gritando, señoras con cazuelas y otros utensilios de cocina liándola, niños gritando sin parar, adultos y adolescentes volcados en hacernos sentir el apoyo y aliento de una zona que se viste con sus mejores galas y nos muestra la impagable hospitalidad y compañía, que tanta falta hacen en una prueba tan psicológica, recargándote de energía mental con su ánimo casa vez que pasabas a su lado, haciéndote sentir parecidas sensaciones a las que Perico, Indurain o Contador hayan podido sentir en cualquiera de sus grandes citas donde el público se haya volcado en animar. De verdad que fue constante, interminable, impagable; vimos hasta un tío tocando a toda hostia la guitarra a la misma vez que daba pedales en una rueda que no paraba de girar.
Y así, ya divididos y cada Campurriano centrado en sus objetivos, nos adentramos en el monte del Soplao y llegamos al Monte AA, dejando atrás los primeros 47,5 kilómetros y los 2.500 metros aproximados de acumulado, comprobando una vez más, que no teníamos ni rastro de cansancio, ni de fatiga, en esta primera gran parte del pulso que esta prueba nos marcaba en nuestro track.
Y es que nos dio tiempo de cruzarnos con amigos de Ávila, nuestros queridos compañeros de Los Pantani, grata sorpresa que nos motivaría aún más, a ir con buen ánimo en inmejorable compañía, hacia uno de los primeros órdagos de la partida, el duro y largo monte de El Moral. 
Madre mía..., no sé si fueron 700 u 800 de acumulado en una sola cuesta, interminable, a ratos con un calor sofocante, mentalmente golpeadora, que no te permitía ni un respiro en el largo reto de coronar, la cumbre situada en los 72,5 kilómetros de la ruta que nos situaban en los 3.000 y pico metros de desnivel. 
Y allí, en una de las cimas más bonitas que habíamos coronado en nuestra vida, volvimos a comprobar, que el tanque de gasolina estaba más de la mitad lleno, que aún no habíamos gastado ninguna de las 6 balas que en forma de gel alguien enfundaba en su cintura.
Y de cintura si que fuimos sueltos, tanta cintura tuvimos, que después de precipitarnos por una vertiginosa bajada, donde mis 69,5 kilómetros por hora de punta según Strava, no fueron suficientes para dar caza a los dos galgos que hoy iban con el limitador puesto, nos pusimos con suficiencia a comenzar el siguiente órdago a pares del día, la ascensión al durísimo monte de Fuentes. La subida más larga de la jornada, casi 800-900 metros de desnivel, tendido pero constante, con solo un par de suspiros que sirvieron para recargar energías y para disparar la primera bala del día, un gel revitalizador que me puso a disfrutar y a escuchar con atención, como uno de los participantes, al ver nuestra equipación Campurriana, nos explicó en pleno rampón nuestros orígenes. Fue un momento mágico, tanto por la explicación, como por la comprobación de que íbamos charlando en plena subida y de forma natural sin demasiada fatiga, con los demás sufridores de la prueba asombrados por la escena. Y aquí tenéis nuestro origen Campurriano, existe una comarca de Cantabria que se llama Campoo, que tiene como gentilicio Campurriano/a. https://es.m.wikipedia.org/wiki/Comarca_de_Campoo-Los_Valles  
Esto que te lo cuenten en las condiciones que he descrito, no tiene precio. Nos estuvieron explicando el origen de las galletas, el efecto de la globalización en su venta a Adam Foods y el por qué de su nombre: https://es.m.wikipedia.org/wiki/Galleta_campurriana 
Insisto, la imagen es una cuesta interminable con decenas de bikers en el más absoluto silencio por el drama de un esfuerzo inhumano, y nosotros flipando de cómo un compañero nos contaba nuestro propio origen, entre risas y asombro.
Y que necios fuimos, pensábamos que muchas de las veces que nos animaban y nos gritaban "¡esos Campurrianos!", era porque nuestra escuadra era famosa por sus logros, que nuestro eco resonaba por tierras lejanas... Comprobamos que esos ánimos venían con la misma intención de empujarnos hacia la meta, pero con un tinte de apoyo a un supuesto equipo local de la zona. ;-).
Y henos allí, en la cima del mundo, en el kilómetro 102.7, allí cual Ulises en su Odisea, evitamos el canto de las sirenas del agotamiento, con la armadura muscular y mental intacta, con dolores articulares muestra de la dureza de la batalla, pero con la satisfacción y tranquilidad del que sabe que lo más duro ha pasado, que los 3.500 metros de desnivel aproximado en nuestras piernas, no han producido ninguna fisura en nuestro espíritu, que por momentos crece en emoción, una emoción que fue difícil de contener por el que escribe, ya que sabiendo que era la parte menos fuerte del tridente, sabía que si no ocurría nada extraño, el reto era nuestro, que solo era cuestión de tiempo.
Y con el tiempo hasta el último momento estuvimos negociando, fueron tantas horas, tantas subidas y bajadas, tantos kilómetros, que el clima amenazaba con cambiar en cada ladera conquistada, en cada monte superado, hasta que la amenaza se tornó en acto y la lluvia cazó en forma de tormenta, a los más adelantados del día, a la punta de lanza, multiplicando la épica de la batalla, aumentando el grado de superación. El escudo de esta se libró, ya que la suerte siguió de nuestro lado y pudimos cobijarnos en un avituallamiento con carpa que nos resguardo del duro medio granizo, que terminó por poner unos tintes de color impresionantes a los prados de la zona, por donde con total naturalidad, relinchaban caballos salvajes, paseaban vacas del tamaño de un camión, animales que nos acompañaron durante gran parte de la prueba y a los que hubo que sortear al limite en bajadas de 70 por hora. 
Y lo que ya no era cuestión de un sorteo, era la finalización del pulso en el kilómetro 135, el duro, mítico e inolvidable monte del Negreo. Con 4.000 de acumulado en las piernas, se concentraban todos los supervivientes de la prueba en torno al último gran avituallamiento. Allí donde la pareja de uno de los nuestros, volvió a esperarnos y a empujarnos con sus incansables ánimos, allí donde familias enteras se volcaban en apoyarnos; véase una niña de 7-8 años que se emperró en sujetarme la Camber mientras yo iba a por un bocadillo de lomo recién hecho y otro de tortilla, para reponer las últimas energías. Esta niña no me dejó tumbar la bici en el suelo, hasta que no me vio que había terminado de comer y la expliqué con gratitud, que ya no me hacía falta su ayuda, sólo en ese momento, me dejó para rápidamente seleccionar a quién iba a ayudar de nuevo. Ese espíritu de la niña, fue el que nos acompañó en toda la aventura, un apoyo impagable que hace merecedor de la calificación de esta prueba, de una de las mejores experiencias de mi vida, en cuanto al encuentro de los mejores valores que el ser humano puede mostrar.
Y lo que también se mostró en ese punto, fueron los innumerables abandonos de muchísimos ciclistas que llegaron rotos a ese avituallamiento, que desgraciadamente iban bajando del Negredo porque no habían podido culminar el duro reto de unas rampas que nunca se me olvidarán. Parecía que para atravesar el infierno Cántabro, estas personas no tenían la moneda necesaria para que Caronte el barquero, les llevará hasta la cima de Cantabria. https://es.m.wikipedia.org/wiki/Caronte_(mitolog%C3%ADa) 
Visto esto, gastamos una nueva bala de gel antes de comenzar la ascensión aterradora, inimaginable a esas alturas, momento en el que fuimos testigos de una nueva imagen tan impresionante como bella, tan llena de esto que íbamos en busca este fin de semana, vimos lo más fuerte de la jornada. En plena ascensión al Negreo, allí donde muchos cayeron como moscas, un ciclista minusválido ciclando con solo una pierna, nos mostró como no hay mejor gel que el espíritu y la tenacidad, como el querer es poder. Con las pupilas abiertas como dos galletas Canpurrianas, en plena ascensión poniendo al limite las piernas, nos quedaron energías para animarle a seguir con su gesta, una hazaña que nos mostró la gran altura y el enorme corazón de esta persona, que sin querer nos gritó a todos los que les rodeamos en la ascensión "SI SE PUEDE". Esa fue la moneda con la que pagamos a Caronte, para acceder sin pena y con mucha gloria al pulso final de la jornada. Te lo agradezco de corazón.
Y una vez conquistado el Negreo, cada pedalada que dimos nos alimentó nuestro espíritu con una felicidad inenarrable, conscientes de que quedaba tanque de combustible para acabar y mucho más, solo quedaba disfrutar de los últimos 25 kilómetros de la jornada. Distancia marcada por las bajadas y pequeños repechos con mucha piedra escondida tras el barro, que terminó por fusilar a muchos que llegaban con las fuerzas justas, haciéndonos disfrutar a nuestra escuadra, ya que fue de los pocos espacios de diversión un poco técnica que nos ofreció El Soplao.
Y lo que sí ofrecimos todos fue nuestra mejor versión. Véase la maquinaria por delante, alcanzando unos tiempos que solo están al alcance de verdaderos guerreros, o la consecución del primer Soplao de aquellos que quisieron marcar buen ritmo en la jornada, o del disfrute y digo con mayúsculas, disfrute, que el escudo Campurriano llevó a lo largo de toda la jornada. Estoy plenamente convencido de que hemos sido de las pocas personas que en su primer embite del Soplao, han disfrutado cada kilómetro con una sonrisa, con una actitud que a veces rozaba la fiesta. No os podéis imaginar cómo nuestro fundador iba cantando en todas las cuestas, allá donde nadie hablaba y todo el mundo iba sufriendo, con su imposible inglés "Bad boys watcha gon,watcha gon,watcha gonna do? When they sudedongdong come for you? " y después decía, "me encanta este musicón" acto inmediato se descojonaba lo que nos hacía a nosotros partirnos de risa. Pero había mucho más, otro tema que no consigo entender la letra, que decía algo así :"people wachi waaaachooo" y te soltaba gritando "pero no querías entrenamiento, pues toma entrenamiento" y se descojonaba o el clásico "vamos hombre" o el "hay que improvisar, vencer, adaptarse" o se ponía a imitar a Bisbal diciendo "es que madre mía, no me creo lo que estamos consiguiendo" jajajaja. A todo esto, poneros en la imagen de cuestas infinitas, que a duras penas te permitían prestarle atención, pero que debido al nivel de decibelios y el énfasis que ponía en sus citas, a todo el mundo iba dejando huella. Pues así 164 kilómetros, de risas, con cada una de estas que soltaba, el otro animalito de bellota se descojonaba y le daba por hacer un sprint de dos kilómetros subiendo, para llegar a coronar el primero y tener todo el avituallamiento preparado para nuestra llegada. Inolvidable. Por mi parte, con una felicidad inmensa durante toda la prueba, poniendo el contrapunto necesario a tanta vitalidad y ansiedad por ir más deprisa en detrimento de perder la inmejorable experiencia que ha quedado forjada a fuego en nuestro corazón, tras la conquista de los 10.000 del Soplao.
Y es que esta experiencia inolvidable, impagable, impresionante, indescriptible, incomparable, maravillosa, majestuosa, etc, etc, no habría sido posible sin todos vosotros, a los que en especial quiero dar las gracias por ayudarme a superarme a mi mismo, a transformarme para siempre, para no volver a ser el mismo de antes jamás. Gracias a mi pareja, a mi hijo, a mis padres, a mis amigos y muchas gracias a todos vosotros Campurrianos, en especial a Iván y Jaime, por haberme empujado hacia el límite para conquistar una cima personal que nunca podré olvidar.
Y lo que no se me puede olvidar son las innumerables risas y buenas sensaciones que este fin de semana nos ha regalado. Estoy con la voz ronca de las risas, del descojone, de esas sensaciones tan propias de nuestro equipo, que marcan el por qué de nuestra comunión, por lo que recuperando el monólogo de Trainspoting con el que abría la crónica, puedo decir sin vacilar que "Elijo la vida. Elijo un empleo. Elijo una carrera. Elijo una familia. Elijo un televisor grande que te cagas. Elijo lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elijo la salud, colesterol bajo y seguros dentales. Elijo pagar hipotecas a interés fijo. Elijo un piso piloto. Elijo a mis amigos. Elijo ropa deportiva y maletas a juego. Elijo pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos. Elijo bricolaje y lo que no elijo, es preguntarme quién coño soy los Domingos por la mañana, porque yo lo tengo claro, yo sé quién soy, yo soy Campurriano.



















                                                           Ruta Villanueva Race 2016 









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